3- S. XIX Revolución industrial. Liberalismo y tradicionalismo. Movimiento obrero

  • LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Se denomina Revolución Industrial al proceso iniciado en el siglo XVIII en Inglaterra, por el cual la humanidad pasó de unas formas de vida tradicionales basadas en la agricultura, la ganadería y la producción artesanal, a otras fundamentadas en la producción industrial y la mecanización, ésto propició un acelerado proceso de urbanización que alteró profundamente las estructuras económicas y sociales, así como la mentalidad de los hombres.

Aunque el fenómeno se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra, se extendería por otras áreas (Europa USA y Japón) a lo largo de los siglos XIX y XX.

La Revolución Industrial fue relativamente rápida, se produjo prácticamente en tan sólo una centuria. Su importancia es equiparable a la de la Revolución Neolítica. Sin embargo, el proceso de industrialización no fue simultáneo ni adquirió las mismas características en todos los lugares. En la actualidad existen en el mundo zonas poco industrializadas, que coinciden normalmente con las más pobres del planeta.

Las sociedades preindustriales

Antes de que el proceso de industrialización se iniciase, los hombres producían y vivían de manera muy parecida a como lo habían hecho sus antepasados. En la actualidad todavía hay vastas áreas en el mundo con economías y formas de vida que tiene un acusado carácter preindustrial.

Las sociedades preindustriales presentaban los siguientes rasgos:

  1. La población crecía lentamente: las tasas de mortalidad eran muy elevadas, aunque se compensaban con altas tasas de natalidad.
  2. La economía era agraria: la principal fuente de riqueza provenía de la agricultura y la ganadería. La industria tenía poca importancia y era de carácter artesanal. Los excedentes alimentarios eran escasos.
  3. Los intercambios comerciales eran limitados, predominando los realizados a larga distancia, por barco. Las comunicaciones terrestres eran malas y escasas. Los medios de transportes lentos y primitivos.
  4. El desarrollo urbano era escaso. Predominaba el hábitat rural y las ciudades grandes y medias eran poco numerosas.

EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN

En la 1ª Rev. Industrial los factores que la propiciaron son los primeros signos de cambio que llevaron a la Revolución Industrial comenzaron en el último tercio del siglo XVIII en Inglaterra.

Una serie de factores intervinieron en el proceso:

1. Transformaciones en sector agrario: permitieron incrementar los excedentes alimentarios y disminuir la mortalidad catastrófica.

2. Transformaciones demográficas: implicaron un constante incremento de la población y la emigración del campo a la ciudad.

3. Transformaciones en la industria: ésta pasó de ser artesanal a concentrarse en fábricas que utilizaban máquinas y nuevas técnicas, lo que redundó en una producción masiva.

4. Transformaciones en el comercio: los intercambios internacionales se intensificaron y se creó un mercado nacional interno gracias al desarrollo de las comunicaciones y los transportes.

Estas transformaciones fueron acompañadas de la incorporación de constantes innovaciones técnicas. El ejemplo emblemático lo constituye la máquina de vapor.

Los sectores pioneros de la industrialización fueron el textil y el siderúrgico.

La extensión de la 1ª Revolución Industrial

Inglaterra fue el país donde se inició la industrialización. Pero a lo largo del siglo XIX hubo otros estados que fueron incorporándose al proceso.  Algunos de ellos lo hicieron tempranamente, es el caso de los denominados “First comers”, es decir, “los primeros en llegar”. Destacaron Francia, Bélgica y Alemania.

– Francia contaba con abundantes recursos mineros de carbón y hierro, así como abundantes capitales para invertir en la industria.

– Bélgica, al igual que la anterior, era rica en minas y poseía una buena red de comunicaciones, parte de la cual era fluvial.

– Alemania se industrializó tempranamente antes de su unificación. Destacó Prusia, que creó un mercado común, el “Zollverein”.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, nuevas potencias se incorporaron a la industrialización: Estados Unidos, Japón y norte de Italia. Rusia lo hizo a finales del siglo XIX, pero sobre todo, a partir de la Revolución Bolchevique en los años 20 y 30 del siglo XX.

España se industrializó con retraso. Además lo hizo de forma desigual, amplias áreas siguieron siendo rurales. Los núcleos de desarrollo más precoz fueron Cataluña y País Vasco.

La Segunda Revolución Industrial

Tras la una primera fase de industrialización iniciada en Inglaterra (a la que se sumaron otros países), a partir de 1875 el proceso se intensifica, lo que ha llevado a los historiadores a hablar de una “Segunda Revolución Industrial”. Esta etapa durará hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.

Durante este período, Inglaterra cedió el liderazgo industrial a otros países, fundamentalmente Alemania y Estados Unidos.

Varios rasgos caracterizaron esta etapa:

1. Se emplearon nuevas fuentes de energía que sustituyeron al vapor: petróleo   (fundamental para la automoción) y electricidad.

2. La industria textil fue desbancada por otras, como la química o la   alimentaria. El ferrocarril siguió estimulando la siderurgia.

3. La organización del trabajo en la fábrica cambió, surgiendo la producción en cadena (fordismo) y la máxima especialización.

4. Surgieron enormes corporaciones empresariales.

5. Las relaciones económicas se globalizaron.

Consecuencias económicas

La industrialización siguió ritmos y pautas distintas según los distintos estados, pero llevó implícitas consecuencias que afectaron a todos en general.

La sociedad agraria fue sustituida por una de carácter industrial. Industria y servicios concentraron la mayor parte de la población activa, concentrada en las ciudades en lugar de en el campo.

La producción tanto industrial como agrícola se incrementó enormemente, eliminando las hambrunas y multiplicando el consumo.

La población creció a un ritmo desconocido hasta entonces y fue objeto de gran movilidad, dando lugar a grandes migraciones.

El capitalismo sufrió notables cambios, tendiendo hacia la concentración empresarial, la banca y la Bolsa adquirieron cada vez mayor protagonismo, dando lugar al capitalismo financiero.

La economía adquirió cada vez más un carácter global.

Estos cambios fueron acompañados por nuevas relaciones sociales, articuladas en torno a dos clases con diferentes intereses: la burguesía y el proletariado.

Consecuencias sociales

La Revolución Industrial intensificó la transición de la sociedad estamental a la sociedad de clases.

La nueva sociedad capitalista contemplaba la igualdad de los hombres ante la ley, frente a las desigualdades jurídicas de la estamental. Pero en su seno albergaba otro tipo de diferencias, las económicas.

Frente a los burgueses, propietarios de todos los medios de producción y poseedores de la riqueza, se alzaba toda una masa de obreros o proletarios que percibían míseros salarios a cambio de vender su fuerza de trabajo a aquéllos.

Con el tiempo, los obreros se organizaron en sindicatos y partidos políticos para luchar contra los abusos que sufrían: largas jornadas laborales, pésimas condiciones de trabajo y baja remuneración. Surgía así el movimiento obrero, con un marcado carácter urbano, pues el campesinado, aún arraigado a las tradiciones, siguió anclado en gran medida a las formas de vida del pasado.

La burguesía sucedió a la aristocracia como clase social dominante a raíz de las revoluciones de los siglos XVIII y XIX.

La vida en la ciudad industrial

La industrialización supuso una mayor disponibilidad de alimentos. Ello repercutió en un descenso de la mortalidad y un fuerte aumento de la población. Ésta se concentró en ciudades, que fueron creciendo con las oleadas de inmigrantes procedentes de las zonas rurales, atraídos por el trabajo en las industrias.

-El crecimiento de las ciudades no fue acompañado de una planificación urbana, de ahí la carencia de servicios básicos: agua corriente, alcantarillado, etc. La falta de higiene era absoluta.

-Los trabajadores vivían hacinados en pequeñas y míseras casas. Su principal pasatiempo consistía en acudir a la taberna, en tanto las mujeres atendían las faenas domésticas. La mejora de sus salarios les permitió acudir a espectáculos como el fútbol o el boxeo.

-La burguesía vivía en elegantes barrios que fueron progresivamente mejorando sus servicios de alcantarillado, agua potable, iluminación y pavimentado. Surgieron los grandes y amplios bulevares destinados al paseo. Hacía una intensa vida social y acudía a los cafés, al teatro, la ópera, los casinos o los cabarets.

Durante el siglo XIX las grandes urbes fueron creciendo en número y población. Destacaban París, Londres o Berlín.

El proletariado

La Revolución Industrial llevó consigo la aparición de una nueva clase social: el proletariado. Estaba constituida por los obreros que trabajaban en las fábricas y vivían en las ciudades.

La palabra “proletario” deriva de “prole”, es decir la descendencia, los hijos. Hace referencia a la carencia de los obreros de cualquier otro recurso que no sea su familia.

-Los obreros no eran propietarios de las máquinas que manipulaban, carecían de control sobre ellas, éstas pertenecían a los patronos o burgueses. Para sobrevivir vendían sus servicios a aquéllos a cambio de míseros salarios. Mujeres y niños (el trabajo infantil estaba permitido) percibían inferiores salarios que los adultos varones.

-Las condiciones de vida de la clase trabajadora durante las primeras fases de la industrialización fueron pésimas. Eran sometidos a largas jornadas de trabajo (hasta 16 horas), las condiciones de seguridad en las fábricas y minas eran muy precarias, carecían de seguro médico, de paro o de vejez.

Esta situación los llevó en muchas ocasiones al alcoholismo, al juego, la prostitución e incluso la delincuencia.

El movimiento obrero

Las precarias condiciones en que se desarrollaba la vida de la clase trabajadora, alentó la aparición de ideologías que criticaban el sistema capitalista. Propugnaban su destrucción y la búsqueda de alternativas basadas en la igualdad y la solidaridad. Surgieron así diversas corrientes ideológicas como el socialismo utópico, pero, destacaron por su importancia dos: el marxismo y el anarquismo.

El marxismo fue la principal ideología que inspiró al movimiento obrero. Fue elaborada por Carlos Marx y su colaborador y amigo Federico Engels.

-El proletariado se organizó en partidos políticos y sindicatos de carácter revolucionario para reivindicar sus intereses y luchar por la desaparición del capitalismo. Nacieron organizaciones como el SPD (Partido Social Demócrata Alemán) o las Trade Unions británicas.

-Los trabajadores, al margen de su nacionalidad, tenían problemas e intereses comunes, ello dio lugar a la aparición de asociaciones de carácter internacional como la AIT (I Internacional), fundada en 1864. La huelga fue uno de los recursos empleados como medida de presión para conseguir sus reivindicaciones.

  • Liberalismo y tradicionalismo

El fenómeno más influyente en la vida política de la primera mitad del siglo XIX son las revoluciones liberales. El desarrollo del movimiento obrero (iniciado ya a finales del XVIII), y de los nacionalismos, dan el tono político de la segunda mitad del siglo.

Dos hechos acaecidos a finales del siglo XVIII sirven como punto de arranque para las revoluciones liberales. El primero es la independencia, reconocida en 1783 de las colonias inglesas de Norteamérica, que se organizan en forma de Estados federal con el nombre de Estados Unidos de América, y se dotan de una constitución, la primera constitución moderna en 1787. El segundo es la revolución francesa de 1789, donde una revolución popular -abanderada por la burguesía- intenta instaurar un régimen político sostenido en la razón y la ley y no en una autoridad determinada (otra cuestión es que esto responda a los intereses económicos de la burguesía que es quien tiene el poder económico -que ahora es el poder real- en este momento).

La revolución francesa termina en un caos social del que surge fortalecido Napoleón Bonaparte, que se hace con el poder e inicia un período de conquistas por Europa (con lo que extiende al mismo tiempo, al menos en parte, el ideario de la revolución). Derrotado Napoleón se produjo un intento de Restauración (bajo vigilancia de la Santa Alianza formada por Rusia, Austria y Prusia) pero de hecho las cosas nunca volvieron a ser como antes.

Sobre 1820 se produce una oleada de revoluciones en Europa; en España, tras el pronunciamiento de Riego se restablece la Constitución de Cádiz que permanece en vigor tres años, siendo derogada tras una intervención militar francesa. También en el Reino de las Dos Sicilias, en Cerdeña, en Portugal y Rusia se producen movimientos revolucionarios que fracasan. En 1830 se produce la Revolución de Julio en Francia, a la que siguen una oleada de revoluciones. En Francia, Bélgica y algunos Estados alemanes consiguen algunos de sus objetivos. En 1848 se produce una tercera oleada de revoluciones que fuerzan el cambio de régimen de muchos Estados. En definitiva, la revolución francesa y la sucesión de revoluciones que se producen en Europa, dan al traste con el antiguo régimen. La ideología que lleva la voz de la revolución es el liberalismo. Aunque por tal deben entenderse al menos dos cosas -que no dejan de estar relacionadas-:

Liberalismo económico (siguiendo las propuestas de Adam Smith): basado en la libertad de comercio, contratación y despido de trabajadores y en la no intervención del Estado en los asuntos económicos. (Esta concepción radical del liberalismo económico será matizada en la obra de David Ricardo).

Liberalismo político (teorizado por Locke y Montesquieu): partidario de un gobierno representativo y del parlamentarismo censitario (se entiende por sufragio censitario a aquél en el que no todos los ciudadanos tienen derecho a voto sino aquéllos que cumplen unas determinadas condiciones -que se reducen, casi siempre, a tener un determinado nivel económico).

Frente al liberalismo, el tradicionalismo seconvierte en la ideología de quienes quieren volver a un estado de cosas antiguo, o simplemente de quienes consideran que la revolución ya ha llegado bastante lejos y se trata de poner freno a nuevas reformas.

Por sus críticas a la ilustración, y su defensa de la tradición, la historia, los valores religiosos, y una estructura más orgánica de la soledad, los tradicionalistas confluyen con frecuencia, con el movimiento romántico. Sus más destacados representantes son: Maistre (1753-1821), Bonald (1754-1840), Chateaubriand (1768-1848), y Lamennais (1782-1854).

El movimiento obrero

Las revoluciones liberales se mostrarán insuficientes (sobre todo en la segunda mitad del siglo) para dar satisfacción a una inmensa masa de población que vive en condiciones miserables, sin ningún tipo de legislación que vele por sus intereses y a la que se le niega, incluso, el derecho a votar. Para hacer frente a esta situación surgen las organizaciones obreras y doctrinales políticas de corte socialista.

Las organizaciones obreras en un primer momento, las luchas obreras tuvieron un carácter muy espontáneo, con brotes aislados de violencia, dirigida fundamentalmente contra las propiedades de los empresarios y contra las nuevas máquinas industriales que ponían en peligro sus puestos de trabajo. Pero poco a poco fueron surgiendo organizaciones -sindicatos- con el objetivo de luchar por el interés de los trabajadores. Los primeros sindicatos surgieron en Inglaterra, donde en 1834 se constituyó la Grand National Consolidated Trade Unions. En Francia aparecen, entre 1830 y 1840 las “sociedades de socorros mutuos” cuyo objetivo era auxiliar a sus miembros en caso de enfermedad, vejez o especiales dificultades económicas. Más tarde aparecieron sociedades secretas revolucionarias, que tienen como líderes más representativos Blanqui y Babeuf. Otros hitos importantes en el desarrollo del movimiento obrero son: la publicación del Manifiesto comunista y El capital; la creación en 1864 de la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.), también conocida como Primera Internacional; y la creación en 1889 de la Segunda Internacional. En todos estos eventos tuvo en papel destacado Carlos Marx.

El socialismo, se puede definir como un movimiento social (teórico y práctico) que lucha contra las desigualdades económicas surgidas como consecuencia del liberalismo económico. Dentro del socialismo, así entendido, se pueden distinguir tres grandes corrientes (aunque esta clasificación no deja de ser un tanto arbitraria): el anarquismo, el socialismo utópico y el comunismo.

En el anarquismo, los anarquistas se caracterizan en general, porque luchan no sólo contra las desigualdades económicas, sino también contra el Estado y toda forma centralizada de poder. Dentro del movimiento anarquista se pueden distinguir a su vez dos grandes corrientes:

1. El anarquismo individualista: cuyo objetivo es buscar la máxima libertad individual, frente a cualquier tipo de restricción, ya sea política, religiosa o moral. El representante más lúcido de esta postura es Max Stirner.

2. El anarquismo colectivista: difiere de los anteriores en que se consideran al hombre un ser eminentemente social, cuya liberación no puede venir si no es a través de la lucha colectiva. Pretenden sustituir la organización estatal por una confederación libre de comunidades rurales y urbanas. Sus teóricos más importantes son: Proudhom (1809-1865), autor de ¿Qué es la propiedad? Una obra emblemática para el movimiento anarquista; Bakunin (1814-1876) y Kropotkin (1842-1921).

El socialismo utópico, pretende reformar el sistema social a base de buena voluntad mediante la educación, creando sociedades alternativas o, constituyendo empresas donde los obreros fuesen tratados de una manera más equitativa. Los representantes más influyentes de esta corriente son: Charles Fourier (1772-1837), que es el creador de un nuevo modelo de organización social, el “falansterio”. Robert Owen (1771-1858), que puso en marcha una comunidad igualitaria en el Estado de Indiana que fue un fracaso. Louis Blanc (1811-1882), que pretendía poner en marcha sociedades cooperativas (los “talleres nacionales”) para que fuesen desplazando a las empresas capitalistas, etc.

El comunismo, se caracteriza por una defensa estricta de la igualdad económica, para conseguirlo defienden la comunidad de bienes. Algunos de los teóricos que podemos encuadrar en esta corriente, por ejemplo, Etienne Cabet, defendían la creación de comunidades cuyos miembros mantuviesen la más estricta igualdad en cuanto al trabajo y al disfrute de los bienes. Otros defendían la toma del poder por un partido organizado que impusiese por la fuerza una comunidad de bienes y trabajo. Entre éstos podemos citar a Babeuf (1760-1797), que participa activamente en la revolución francesa, y a Augusto Blanqui (1805-1881), cuyos ensayos se publicaron en un libro titulado La crítica social. No obstante el movimiento comunista recibirá un impulso decisivo a partir de la obra de Carlos Marx y Federico Engels. Engels fue quien acuñó el término “socialismo utópico” para calificar a los diversos socialismos voluntaristas, denominando al desarrollado por Marx y él mismo con el nombre de “socialismo científico”.

Además de las mencionadas surgieron a lo largo de este siglo otras teorías sociales y políticas que, si bien no las podemos calificar estrictamente de socialistas, persiguen una reforma social hacia sistemas más igualitarios. Entre los teóricos más destacados de estas corrientes reformistas podemos citar los siguientes: J. Bentham (1748-1832), que es el fundador de una corriente filosófica conocida como utilitarismo, su filosofía del derecho puede resumirse en el lema “la mayor felicidad para el mayor número”; Saint-Simon (1760-1825), que preconizó una nueva organización del Estado donde el poder espiritual debía pasar a manos de los hombres de ciencia y el poder temporal a manos de los industriales (propietarios, técnico, obreros y campesinos), que son las clases auténticamente productivas, en esta nueva sociedad todo el mundo debería trabajar, por lo que las clases parasitarias (sacerdotes, aristócratas y militares) tendrían que desaparecer; Augusto Comte y J.S. Mill (1806-1873), defendió en numerosos escritos (Principios de economía política, Sobre la libertad. El utilitarismo, etc.) un sistema social a medio camino entre el liberalismo y el socialismo.

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