2- S.XX Posguerra

  • El problema soviético y el aislamiento norteamericano

El problema soviético

La Paz de Brest-Litovsk, en marzo de 1918, significó la salida de la guerra de la Rusia soviética. La nueva Rusia bolchevique pasó de la guerra mundial a una cruenta guerra civil entre el Ejército Rojo comunista y el Ejército Blanco apoyado por las fuerzas de la Entente.

Aprovechando el vacío de poder creado en la zona occidental del antiguo Imperio Zarista, diversos territorios del imperio alcanzaron su independencia: Finlandia, en diciembre de 1917, y los países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, a lo largo de 1918.

Polonia y la Rusia soviética se enfrentaron en una guerra que concluyó con el Tratado de Riga (marzo 1921). Este tratado supuso importantes pérdidas territoriales soviéticas en beneficio del nuevo estado polaco. Finalmente, Rumania se anexionó Besarabia.

El aislamiento de los Estados Unidos

El presidente Wilson, del partido demócrata, fue el gran impulsor de la Sociedad de Naciones. La nueva organización internacional se basaba en el principio de la seguridad colectiva, por el cual EEUU y los demás países miembros quedaban comprometidos en la defensa de la seguridad de los demás miembros de la Sociedad.

Sin embargo, la oposición republicana, con mayoría en el Senado, se negó a ratificar los acuerdos de la Conferencia de París.

El triunfo del republicano Harding en las elecciones de 1920 llevó a que EEUU confirmó el rechazo norteamericano al ingreso en la Sociedad de Naciones.

  • Conclusión: unos deficientes tratados de paz

Los Tratados firmados tras la Conferencia de París no contribuyeron en absoluto a estabilizar la situación europea y mundial. Los errores de esos tratados de 1919 están detrás del nuevo conflicto mundial que estalló veinte años después.

Alemania fue duramente tratada en el Tratado de Versalles. Sin embargo, el país no fue ocupado militarmente en su totalidad y su poderío económico no sufrió una merma sustancial. La gran contradicción del Tratado de Versalles fue que trató de imponer una paz muy dura a un estado que aún era muy poderoso. Las posturas revanchistas, alentadas por las dificultades de la posguerra, pronto se extendieron en Alemania. Era el caldo de cultivo adecuada para grupos como los nacionalsocialistas de Hitler.

Tras la firma de los tratados de paz en Italia se repetía la frase “Hemos ganado la guerra, pero hemos perdido la paz”. Las exiguas anexiones conseguidas parecieron muy poco a muchos italianos. Un antiguo socialista, Benito Mussolini, encabezó uno de los grupos políticos extremistas que agrupaban a los descontentos.

La aplicación del principio de las nacionalidades (cada nación debía constituir su estado) en una realidad tan compleja como la de Europa Central y Oriental, hizo que muchos de los nuevos estados incluyeran minorías nacionales descontentas con la nueva situación.

Francia, pese a imponer duras condiciones a Alemania, no consiguió que los países anglosajones se comprometieran a un pacto que garantizase su apoyo ante un eventual ataque alemán. La negativa norteamericana a firmar los tratados, fue capital para el fracaso francés. La fragilidad de la posición francesa quedó clara en cuanto Hitler reinició el rearme alemán en la década de los treinta.

La hegemonía de los republicanos en Estados Unidos durante los años veinte, marcó una clara tendencia aislacionista en política internacional. Esta actitud fue enormemente negativa para la estabilidad mundial, ya que EEUU salió de la Gran Guerra como primera potencia mundial.

Las potencias occidentales crearon lo que se denominó un “cordón sanitario” en torno a la URSS comunista: una serie de estados antisoviéticos que cercaran al nuevo estado evitando la expansión del comunismo. La Unión Soviética fue aislada internacionalmente y no se le permitió ingresar en la Sociedad de Naciones hasta 1934.

Desde la perspectiva histórica, es evidente que la gran perdedora de la primera guerra mundial fue Europa. Nuestro continente que, desde hacia varios siglos había impuesto su hegemonía en el mundo, inició en 1914 un proceso de autodestrucción que permitió a otras potencias, esencialmente a los Estados Unidos, alcanzar la hegemonía global.

  • Las relaciones internacionales en la posguerra 1919-1924

La aplicación de los tratados de paz fue enormemente dificultosa. En un contexto de serias dificultades económicas, las tensiones surgieron por doquier. Especialmente grave fue el pago de las reparaciones de guerra por parte de Alemania. A partir de 1925, sin embargo, se abrió un corto período de concordia que hizo a muchos pensar en que la paz internacional se podía consolidar. La depresión iniciada en 1929 puso fin a esas esperanzas.

  • La Sociedad de Naciones

1919, la Conferencia de París aprobó el Pacto de la Sociedad de NacionesEn abril de 1919, la Conferencia de París aprobó el Pacto de la Sociedad de Naciones.

La nueva Sociedad fijó su sede en Ginebra (Suiza). Sus principales instituciones eran una Asamblea General, un Consejo, del que eran miembros permanentes las grandes potencias, y un Secretario General, encargado de dirigir los más de 600 funcionarios que trabajaban para la Sociedad.

Teniendo como objetivo esencial el mantenimiento de la paz, la Sociedad buscó garantizar la protección de los pequeños países ante las grandes potencias. Se trataba de crear un nuevo orden internacional basado en el principio de la seguridad colectiva.

La Sociedad de Naciones consiguió algunos éxitos. Su época dorada fue el período 1924-1929, cuando se firmó el Tratado de Locarno (1925), Alemania ingresó en la Sociedad (1926) y se firmó el Pacto Briand-Kellogg (1928). Sin embargo, cuando la situación internacional se enturbió tras la depresión de 1929, la Sociedad de Naciones se mostró totalmente incapaz de mantener la paz. ¿Cuáles fueron las razones del fracaso de la Sociedad de Naciones?

Por un lado, la ausencia de potencias clave en el concierto mundial. EEUU se negó a entrar en 1920 y nunca participó. La URSS fue vetada al principio y solo participó de 1934 a 1939. Alemania no ingresó hasta 1926 y, con Hilter, abandonó la Sociedad en 1933. Japón se marchó en 1933 e Italia en 1936. Por otro lado, la falta de medios económicos o militares para imponer sus resoluciones.

La difícil aplicación de los tratados

Los tratados que pusieron fin a la primera guerra mundial dejaron un mundo enormemente inestable con múltiples problemas por resolver.

Las tensiones fueron múltiples:

  1. Las tensiones en los territorios del antiguo Imperio Austro-Húngaro. Su mejor ejemplo fue la pugna entre Italia y la recién nacida Yugoslavia por Fiume (la actual Rijeka croata). El nacionalismo desatado en Italia ayudó al ascenso del fascismo al poder en 1922.
  2. La desintegración del Imperio Otomano. La revolución nacional dirigida por Atatürk consiguió anular las condiciones del tratado de Sèvres y expulsar al ejército griego. La guerra greco-turca (1919-1922) que siguió fue enormemente cruel, más del 20% de la población masculina de Anatolia murió, y concluyó con la victoria turca. Más de un millón de griegos fueron deportados de Anatolia. No hubo, sin embargo, ninguna concesión a Turquía en lo referente a sus posesiones árabes. Gran Bretaña y Francia se repartieron las posesiones del Oriente Medio, siguiendo, a grandes rasgos, lo establecido en el Acuerdo Sykes-Picot.
  3. El problema soviético y Polonia. La zona occidental del antiguo imperio zarista vivió una enorme inestabilidad. La debilidad rusa propició que Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania accedieran a la independencia. La recién nacida Polonia se enfrentó a la Rusia comunista en una guerra que concluyó con el Tratado de Riga en 1921. Los soviéticos nunca aceptaron de buen grado las pérdidas territoriales de esta guerra y Stalin lo demostró en los prolegómenos de la segunda guerra mundial.
  4. El nuevo poder japonés. Pese a su escasa participación en la guerra, la posición nipona en el Extremo Oriente quedó enormemente reforzada tras la conclusión de la Gran Guerra. Japón se había convertido en la tercera potencia naval del mundo. La nueva situación quedó regulada en la Conferencia de Washington (1921-1922). Los tratados allí firmados ratificaron la superioridad marítima del Reino Unido y EEUU y el poderío naval japonés en el Pacífico.

La aplicación del Tratado de Versalles: el problema alemán

En 1921, la Comisión de Reparaciones anunció la cantidad total que debía pagar Alemania en concepto de reparaciones: 132.000 millones de marcos-oro. Alemania protestó y dio largas al cumplimiento de los plazos de pago previstos.

En París se fue imponiendo la idea de que había que forzar a Alemania a pagar. Una nueva solicitud alemana de moratoria en julio de 1922 precipitó la decisión del gobierno francés, presidido por Poincaré.

El 11 de enero de 1923, tropas francesas y belgas ocuparon la cuenca del Ruhr, el corazón minero e industrial de Alemania. Ya que Alemania no pagaba, se invadía el país y se cobraban las indemnizaciones mediante la explotación de las riquezas del Ruhr.

La reacción del gabinete alemán fue decretar la resistencia pasiva. Las fábricas cerraron y el gobierno de Berlín sufragó a los huelguistas. La situación llevó a la economía alemana al colapso. Uno de los fenómenos más espectaculares de la historia económica del siglo XX se adueñó de Alemania: la hiperinflación.

La ruina de Alemania no beneficiaba a nadie. Poco a poco se fue imponiendo la convicción de que la cooperación era, para todos, mejor que el enfrentamiento. En febrero de 1924, el canciller alemán Stresemann comunicó al gobierno francés que Alemania estaba dispuesta a firmar con Francia y otros países que pudieran estar interesados un acuerdo que garantizase las fronteras franco-alemanas marcadas en Versalles, incluyendo la zona desmilitarizada. A partir de ese momento las relaciones internacionales entraron en un esperanzador periodo de concordia.

El Tratado de Locarno en 1925, por el que Alemania aceptaba las fronteras occidentales marcadas en el Tratado de Versalles; el ingreso de Alemania el Sociedad de Naciones en 1926; y el Pacto Briand-Kellog de renuncia a la guerra en 1928 fueron los grandes hitos de este corto período de armonía.

La depresión económica de 1929 arrasó esta efímera concordia. Se inició de nuevo el camino hacia un nuevo conflicto general.

Las consecuencias económicas de la guerra y de la paz

Las consecuencias económicas de la Gran Guerra fueron trascendentales; las de la Paz también. En términos económicos, la Primera Guerra Mundial y su posguerra supusieron el fin de una época y el comienzo de otra. La que concluyó había tenido entre sus principales características al liberalismo y a la primera globalización. Uno y otra habían venido tomando forma desde mediados del siglo XIX. En la época que se iniciaba, el Estado tendría un papel económico creciente y la globalización interrumpiría su avance.

La Primera Guerra Mundial significó una movilización sin precedentes de recursos humanos y materiales. La propia victoria de los Aliados fue en buena medida el resultado de su mayor capacidad para movilizar.
Hacia el final de la Guerra, apoyaban a los Aliados gobiernos que representaban –colonias incluidas- el 70% de la población y el 64% del PIB mundiales. Los Imperios Centrales contaban con recursos mucho más limitados. En 1913, la población de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos por sí sola ya superaba a la de los Imperios Centrales. El PIB de los tres Aliados era más de cuatro veces mayor que el de sus enemigos. Además, durante el conflicto, Gran Bretaña y Estados Unidos, no así Francia, lograron algún crecimiento económico. Lo contrario ocurrió en Alemania y Austria-Hungría.
La planificación económica y otras formas de intervención estatal resultaron imprescindibles para asegurar que los recursos se orientaban hacia el esfuerzo bélico. Los costes directos de la guerra se han evaluado en unos 300.000 millones de dólares, que equivalen a unas seis veces y media la deuda de los Estados europeos entre finales del siglo XVIII y comienzos del XX. La financiación de ese gasto sin abandonar el patrón oro resultó imposible. Dos principios básicos de la ortodoxia liberal fueron, pues, victimas tempranas de la Guerra. No serían las únicas.

Pérdidas humanas y materiales

La Primera Guerra Mundial alcanzó unas dimensiones nunca antes vistas. Los combates se extendieron a frentes en varios continentes, duraron más de cuatro años y movilizaron a millones de efectivos. Los contendientes usaron todas las armas resultantes de los avances técnicos de fines del siglo XIX y comienzos del XX (cañones de gran calibre y alcance, ametralladores, armas químicas, aviones, tanques, submarinos, automóviles, etc.).
Las pérdidas humanas alcanzaron cifras previamente inimaginables. El coste humano del conflicto debió rondar los diez millones de muertos y el doble de heridos. Estas cifras superan a las de todas las guerras habidas durante el siglo XIX. Si tenemos en cuenta las pérdidas civiles, puede que, incluyendo el déficit de nacimientos, la epidemia conocida como “gripe española” y los genocidios, Europa, excluida Rusia, casi el 10% de los aproximadamente 250 millones de habitantes con que contaba antes de la guerra. En Rusia, la Revolución bolchevique y la guerra civil posterior engrosaron la factura demográfica muy por encima de esa cifra.
En los países que hicieron un mayor esfuerzo bélico los fallecimientos de Adultos en edad laboral alcanzaron proporciones no despreciables: Francia, 7,2%; Turquía y Bulgaria, 6,8%; Alemania, 6,3%. Las pérdidas de capital físico (maquinaria, edificios, infraestructuras, etc.) por destrucciones materiales, interrupción de las inversiones y mantenimiento insuficiente alcanzó a un 3,5% del existente en 1914. Aunque fue mucho mayor en algunos países (Bélgica, Polonia y Serbia) o regiones (Francia septentrional). Las inversiones exteriores, antaño importantes, de Gran Bretaña y Francia se habían reducido sustancialmente. Las de Alemania prácticamente habían desparecido. La flota británica había sido duramente castigada. Con ser graves, las pérdidas humanas y materiales podrían haberse superado mediante la reconstrucción. Sin embargo, ésta se vio dificultada por problemas adicionales.

La “herencia” financiera de la guerra y la paz

Hacia el final de la Guerra, las finanzas públicas de los países beligerantes se
hallaban en serias dificultades. La inflación fue la consecuencia inevitable de
un enorme gasto bélico financiado principalmente mediante la emisión de grandes
volúmenes de deuda pública y la creación de dinero.

El esfuerzo bélico había implicado la aparición de una gran deuda interaliada. Los Aliados se debían entre sí unos 23.000 millones de dólares en concepto de deudas
comerciales. El principal acreedor era Estados Unidos. Los intentos
norteamericanos por recuperar esa deuda tropezaban con las dificultades de
Francia, el mayor deudor, que a su vez necesitaba de las reparaciones impuestas
a Alemania para hacer frente a sus obligaciones de pago internacionales. Así,
deudas interaliadas y reparaciones de guerra alemanas estaban estrechamente
relacionadas.

La situación financiera de Alemania y los nuevos Estados surgidos de la
desmembración del Imperio Austro-húngaro era aun más difícil. Alemania se
enfrentaba, además, a unas reparaciones de guerra a todas luces excesivas y a la
inestabilidad política de la flamante República de Weimar. Sin incluir las
incautaciones de barcos, ganado, materias primas, equipo industrial y activos
exteriores, las sanciones impuestas a Alemania por los vencedores ascendieron a
33.000 millones de dólares pagaderos en 42 anualidades. Inicialmente, cada una
de ellas equivalía al 5% del PIB alemán. El déficit presupuestario se financió
mediante la emisión de dinero. Así, la inflación se agudizó en 1921 y 1922: los
precios crecieron desde el nivel 100 en 1914 al 304 en 1918, pasando del 1.301
en 1921 al 14.600 en 1922. A mediados de ese año, un dólar se cambiaba por una
cantidad de marcos más de cien veces mayor que en 1914. Alemania pidió una
moratoria en el pago de las reparaciones, lo que motivó la invasión del Ruhr por
Francia y Bélgica. Alemania respondió apoyando financieramente la resistencia
pasiva de la población ocupada. El crecimiento de posprecios aun sería mayor en
1923. La hiperinflación alemana constituye el episodio más llamativo de
crecimiento de los precios y de desarticulación en la práctica de un sistema
monetario moderno: los precios alemanes se multiplicaron por 1.000.000.000 en
ese año. Para entonces un dólar se cambiaba por 4.200.000.0000.000 de
marcos.

Tras la implantación por el gobierno alemán de un plan de estabilización en otoño de 1923, la solución definitiva al problema económico y político en que se encontraba la Europa Occidental de post-guerra vino de la mano del Plan Dawes, que ampliaba el plazo para el pago de las reparaciones, reducía las anualidades iniciales y facilitaba el acceso de Alemania al mercado de capitales norteamericano.

Es difícil determinar el auténtico coste económico de la Primera Guerra Mundial,
lo cierto es que con ella se inicia una larga fase de lento crecimiento. Entre
1914 y 1950, el PIB per capita en Europa creció menos que antes de la Gran
Guerra o después de la Segunda Guerra Mundial. El retorno a la “normalidad” de
la “belle époque” pre-bélica resultó mucho más complicado de lo que se pensaba.
De hecho, en sentido estricto, nunca llegó a producirse.

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